Y el Aucas fue campeón

Y sí, la Sociedad Deportiva Aucas llegó por primera vez a ser campeón, se rompió el maleficio de tantos años de administraciones nefastas y descensos consecutivos, las criptas de San Diego se levantaron, desde el cielo miles de fieles puestos la camiseta oro y grana festejaron y le dijeron a San Pedro que por esa noche del 13 de noviembre No llueva en la capital, que deje que el pueblo por fin festeje, se acabaron tantas burlas y cargadas que muchos siendo niños u adolescentes recibíamos al ser hinchas de un equipo pequeño, que nunca había ganado nada, pero que al contrario en cuanto a corazón e idolatría hace rato superó a tantos.

Para llegar al campeonato se recorrió bastante, diría, que los auquistas aprendimos con el tiempo a tener resiliencia y sobretodo paciencia. Aún recuerdo la primera vez que pise el Gonzalo Pozo, tenía 8 años ñ, y mi papá creyó pertinente llevarme al estadio y presentarme al equipo, fuimos a Tribuna, según mi viejo “para que no escuches malas palabras y veas el fútbol tranquilo” y así fue, Liguilla Final de 1998, victoria de Aucas 2-1 a Barcelona, la Libertadores estaba cerca según la modalidad de campeonato, mi papá salió feliz del estadio y yo empezaba a cogerle gusto a este equipo. Días después, la catástrofe, el clásico rival, Liga nos dejaba fuera de la Libertadores y de la final del campeonato, frustración, rabia, pero nunca el abandonar el equipo.

Y así fue, nunca abandonar el equipo, a partir de ese día de noviembre de 1998, se volvió una constante el asistir al estadio o escuchar en la radio los partidos, siempre con mi viejo, SIEMPRE! Así vivimos la etapa de “gloria”, esa en la que le ganamos al Necaxa en México en 2001, el Superclásico del 4-4 con Liga, la de Luis Fernando Suárez y René Higuita en el 2004, entre otros. Y lógicamente los años tristes y oscuros, en los que descendimos a la B primero y luego Segunda, aquella donde el Diablo Etcheverry ponía de su dinero para pagar sueldos, donde era habitual escuchar que el estadio fue embargado por deudas, donde el descalabro institucional se notaba hasta en las malas condiciones del Gonzalo Pozo Ripalda.

Y llegó la etapa en la cual me encariñé más con el Aucas, la Segunda Categoría, años de mucha resiliencia, dónde se pondría a prueba la fidelidad del equipo, y nuevamente mi papá, aquel hincha del Aucas de antes, ese que deslumbraba en Pichincha y que se enfrentó al Real Madrid, estaba ahí para enseñarme en otras cosas, que no se abandona a lo que se quiere, y así recorrimos desde las paredes del Estadio de Tabacundo, la “caldera” del Chan de Machachi hasta el derrumbe en Echeandia que provocó que nos demoremos casi 10 horas en llegar. Pero estuvimos ahí! Acompañando y alentando a este hermoso equipo.

El Aucas volvió a la A en 2014, 8 años después de haber caído en el abismo y lo hizo por su hinchada, porqué digo esto, pues porque muchos equipos históricos del fútbol ecuatoriano cómo el Everest o el Patria, nunca más volvieron al profesionalismo y sus hinchas desparecieron. Y sí, lo que hace grande al Aucas, es su gente, esa gente que lo ha sufrido todo, que estuvo en la gloria pero también en el infierno, esa gente que nunca abandonó, más allá de la fiebre de las copas internacionales de Liga de Quito o el momento del Independiente del Valle, esa gente que con orgullo decía, decíamos: “si soy hincha del Aucas”.

Así llegamos a 2022, año que será recordado para siempre por todos los auquistas, se rompió el maleficio, dejamos de “festejar” un cupo a Copa Sudamericana o de terminar 8vos en la tabla, logramos ser campeones del Ecuador. Mi papá logró recordar los momentos de niño viendo al Gato Segovia tapar y las fiestas heroicas en el Estadio de El Arbolito, y para mí, eso lo pagaba todo.

El cariño y la afición que le tengo al Aucas se la debo a mi papá, el equipo llegó a convertirse en parte fundamental de nuestras vidas y en mi caso personal en el sentimiento que compartíamos los dos, y lógicamente los momentos vividos en una cancha de fútbol. Cariño también gracias a la linda hinchada que tiene este equipo, dónde he labrado grandes amigos, he sentido la solidaridad y la empatía y literal, me he sentido en familia.

Familia, y Aucas es una familia, lo pueden comprobar en cada partido donde la gente asiste de “5 para arriba”, dónde padres, madres, abuelos, tíos, sobrinos, nietos, comparten la alegría que brinda un equipo de fútbol. En la final esto quedó clarísimo cuando los fieles, llevaron los retratos de aquellos familiares que se fueron sin verle al Aucas campeón pero que desde el cielo, le dieron el ñeque a Edison Vega para ese gol que silenció el Monumental de Guayaquil.

De esto se trata Aucas, podría extenderme más, recordando anécdotas y sueños de niño alrededor de este equipo, hablaríamos horas, no se diga con mi papá presente, porque más allá del título o los momentos tristes, la afición por el Aucas me ha llevado incluso a rodarme las gradas de la general festejando un gol al Cuniburo en Segunda. Este es mi equipo, mi pasión, mi sentimiento, ese que comparto con mi viejo, mi equipo aquel que llevo en el corazón y al que por medio de mis programas de redes sociales trato de devolverle las alegrías y vivencias que me ha dado.

Festeje el pueblo, que ahora es su turno después de tanto tiempo, porque el Aucas fue campeón. Vida nada te debo, vida estamos en paz.

 

 

Andrés Román – Hincha de Papá